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ELECTROTERAPIA
Origine, principes et limites
Origen, principios y límites
Un poco de historia

La aplicación de corrientes eléctricas con fines terapéuticos o de investigación del funcionamiento del cuerpo humano ha avanzado a pasos agigantados en el transcurso de la historia. Descubierta por casualidad en la antigüedad mediante la aplicación de descargas eléctricas producidas por ciertas especies de peces, y gracias a los trabajos experimentales de Galvani sobre el estudio del sistema nervioso a finales del siglo XVIII, la electroterapia llegó a despegar realmente con los avances tecnológicos incesantes de la segunda mitad del siglo XIX.

A comienzos del siglo XX, Weiss y Lapique descubrieron las leyes fundamentales de la electroestimulación gracias a un ingenio experimental excepcional. Utilizaron unas duraciones de aplicación de la corriente eléctrica muy breves (de 0,23 ms a 3 ms) abriendo y cerrando un circuito eléctrico con una bala de fusil cuya velocidad conocían. Eso permitió a Lapique establecer la relación específica intensidad/tiempo y aportar una cantidad de carga eléctrica capaz de desencadenar el fenómeno de excitación neuromuscular. De esta forma, definieron también la reobase y la cronaxia. La deducción de las características de un impulso eléctrico óptimo que garantice la eficacia, inocuidad y comodidad ya era posible en la primera década del siglo pasado, pero la disponibilidad de los componentes eléctricos capaces de obtenerlo no aparecieron hasta mucho más tarde.

El resultado fue un período de confusión con el desarrollo de numerosas corrientes distintas: por la forma, la duración de los impulsos, así como la gama de frecuencias utilizadas.

Estas corrientes, en ocasiones peligrosas, seguían resultando incómodas, lo que limitaba la eficacia terapéutica de la técnica. Pero la historia de la electroterapia no se hizo racional hasta comienzos de los años 80. Y esto fue así gracias a los avances combinados de los conocimientos de la fisiología y la tecnología. Una vez que se comprendieron los efectos de base de la electricidad aplicada sobre los tejidos vivos, las únicas corrientes que deberían emplearse hoy en día son las que garantizan una absoluta seguridad para el paciente, la máxima comodidad y, por tanto, una eficacia óptima. En este contexto, y bajo los auspicios de la sociedad Compex, la electroterapia se ha desarrollado considerablemente en el transcurso de las últimas dos décadas.