El problema de las piernas cansadas consiste en una debilidad vascular venosa ocasional sin lesión orgánica. No se observan varices, sino unas simple inflamación en los pies y los tobillos, acompañada de una sensación de pesadez importante en las piernas. La problemática de las piernas cansadas es más frecuente en las mujeres, con una pronunciación asociada a las modificaciones hormonales del ciclo menstrual.
El estar de pie de forma prolongada, así como pasar largos periodos sentado, conlleva una inflamación (edema de estasis) y una fuerte sensación de pesadez en los miembros inferiores. A menudo se produce también un determinado grado de tensión muscular y los pacientes pueden experimentar calambres en las pantorrillas.
En general, esta situación consigue mejorarse con una caminata o descansando con las piernas en alto. En posición tumbada se reduce la estasis venosa y se elimina el gradiente de presión hidrostática. Las contracciones musculares expulsan la sangre hacia arriba comprimiendo las venas profundas de las piernas. Estos dos medios clásicos favorecen así el flujo sanguíneo del retorno venoso y luchan de forma relativamente eficaz contra la sensación de piernas cansadas, con o sin asociación de edema.
El interés de aplicar el programa de estimulación Piernas cansadas radica en la combinación de los dos efectos: la actividad muscular, por una parte, que aumenta la circulación y, por otra parte, la posición tumbada con las piernas en alto que establece un gradiente depresión negativa. El hecho de eliminar la restricción impuesta por la presión hidrostática, junto al aumento del flujo sanguíneo, restaura con rapidez el equilibrio de los líquidos intersticiales, elimina el edema y los metabolitos acumulados, y vuelve a oxigenar el tejido que presentaba la queja. Además, las frecuencias muy bajas de estimulación, gracias a su efecto tonolítico, suprimen la tensión muscular y la tendencia a los calambres.
A lo largo de la sesión de tratamiento se va pasando progresivamente y de forma automática por una serie de frecuencias bien definidas que van a imponer un fuerte aumento del flujo de manera que se obtendrá una aceleración del retorno venoso y una hiperoxigenación (7 Hz), un efecto erdorfínico máximo (5 Hz) y un efecto tonolítico relajante (3 Hz), conservando en todo momento una marcada acentuación del flujo sanguíneo.