Una fuente de corriente eléctrica, aplicada sobre una parte cualquiera del cuerpo de un paciente, determina un campo eléctrico entre los electrodos y a través de los tejidos. Esa corriente moviliza partículas cargadas actuando como vector que permite la introducción y penetración de sustancias medicamentosas.
La importancia de la transferencia iónica depende de la intensidad de la corriente y de la superficie de contacto entre la piel y el electrodo, es decir, de la densidad eléctrica.
Por lo tanto, el estimulador debe ajustar la intensidad de la corriente en función del tamaño de los electrodos utilizados. Este material debe ser un perfecto un generador de corriente perfectamente constante de forma que la intensidad no varíe durante el tratamiento a pesar de la disminución de la resistencia de la piel.